JOSÉ MARÍA CASTIÑEIRA DE DIOS

"Las Alusiones" de Roberto Di Pasquale

No soy amigo de Di Pasquale, no lo conocía, también me había sido vedada, por esas circunstancias de la vida, el conocimiento de su obra poética y creo que fui invitado aquí, porque en este punto de mi vida, soy uno de los sobrevivientes de la generación del 40, de los que de algún modo fui protagonista porque formé parte del grupo de las 2 revistas que me expresaron.

Así que para mí, el conocimiento con Di Pasquale es a través de la literatura, es decir, mi relación con él es la que ha surgido de la lectura apasionada de su libro, que por otra parte en virtud que a esta altura de mi vida, también puedo hablar de mi larga obra poética, está alejada de los caminos que yo he andado en mi expresión literaria.

Esta relación con Di Pasquale es más fuerte que la que pude pensar a lo largo de una vida, porque es a través de la palabra del poeta y el poeta como decía Octavio Paz es una solución de palabras, que he podido internarme en el alma de Di Pasquale, confraternizar con sus memorias, dolores, angustias, sentir que su recorrido vital era igual al mío aunque andábamos por vías paralelas y advertir en esta desnudez de su poesía, en esta entrega absoluta al valor de la palabra como elemento de conocimiento, de relación, él conseguía en mí un lector apasionado que advertía en él algo que entiendo. Mis amigos admirados que están hoy aquí y el mismo Di Pasquale, tal vez no lo sintieron con el mismo énfasis como yo, porque me encontré no con un libro que era importante, porque era una acumulación de poemas de una vida, sino que me encontré con un poeta profundamente religioso, y lo digo desde mi calidad de escritor definidamente religioso a lo largo de muchos libros.

Por su puesto no una religiosidad sacristía, una religiosidad profunda, la religiosidad que nace como del espacio cósmico interior, de la interioridad espiritual del que hablaría un teólogo. En ese duplicarse de Di Pasquale en su poesía, en que en vez de hablar al otro habla de él como otro, en ese

diálogo que él va manteniendo con él mismo a lo largo de toda su obra hay simplemente una pregunta: una pregunta de ¿dónde está él?

Es decir la angustiosa pregunta de los agustinianos, la pregunta: ¿lo puede encontrar? y si para eso tengo que arrancar de la infancia, es la infancia lo que va a estar presente a lo largo de este libro. Y si tengo que arrancar de la muerte, es la muerte lo que va a estar presente a lo largo de este libro. Y si tengo que arrancar del amor, es el amor por la mujer que le ha entendido, comprendido y que ha formado conmigo la unidad absoluta, tal vez yo lo sienta más porque hace 58 años conocí a la mujer que amo hoy, que me acompaña todavía en este momento en que estoy pasando los 85. Señalo que mi mujer tiene 90 y creo por lo tanto, que cuando el poeta logra esa felicidad y completa la media naranja o la media manzana, cuando logra esa felicidad el poder que tiene para avanzar en la vida es muy grande. Tal vez sea eso el valor más grande en una batalla que 2 o 3 veces a lo largo del libro, Di Pasquale plantea como su batalla. El se propuso habitar el mundo del poeta . El y yo hemos transitado por otros caminos por los empresariales, los publicitarios y los del Marketing y sabemos lo difícil que es habitar el mundo un poeta, pero mucho más como cuando en el caso de Di Pasquale, él ha tenido que enfrentar el dolor de la negritud, me emocionó ver la foto del él con Leopold Sedar, ese hombre que fue capaz con su enorme cultura, de llamarle la atención al mundo sobre la negritud, es decir sobre esos desamparados a los que la civilización occidental cristiana ha dejado a la vera del camino. Los versos no son como creen algunos, "sentimientos" porque esos se tienen demasiado pronto, son "experiencias", esa experiencia fue vital en la vida de Di Pasquale. Tal vez por eso su poesía tenga esa desnudez dramática de confiar en la palabra, ya limpia de toda retórica y limpia sobre todo de todo énfasis, confiar en la palabra como elemento de testimonio y de comunicación.

Hace unos años Ortega decía que el gran peligro de los latinoamericanos, el gran drama de los latinoamericanos era su tendencia a la desmesura y de los argentinos decía: al énfasis, ser enfático.
La alusión es el modo de no serlo, porque es como que él, nuestra lengua un juego, una cosa a medio decir, algo que requiere la compasión en el sentido "unamoniano" de la palabra, la pasión compartida del que está leyendo el libro y yo he tenido esa pasión, es decir yo tengo que dar gracias de que me hayan invitado porque puedo dar este testimonio concreto, el de un lector porque vuelvo a insistir, que mi relación con el poeta, es sólo la que viene a través de su poesía.

Ésta no se cansó nunca de repetir que toda poesía es de ocasión, es de circunstancia y por eso los territorios en los que avanza el poeta son todos de ocasión, son cosas que han ocurrido ahí, que están ahí que se cruzan delante del poeta y frente a los cuales el poeta, la reacción que tiene es desdoblarse en su "yo" y encarar ese hecho. Sabiendo que ese hecho no es cualquier cosa, porque la experiencia poética como decía Paz, no es otra cosa que revelación de la condición humana es decir, al tocar al hombre, al tocar al hombre que fue, al niño que fue, al hombre que cambia de destino permanentemente, al que tiene que acostumbrar a las dos y a los libros de su hogar a no tener el prefijo, lo obliga naturalmente a dar la cara a esas cosas y esos hechos una concepción metafísica, sino caería en un vano costumbrismo.
Girri decía: creo que la poesía es una forma de la metafísica y también lo contrario, que la metafísica crea una forma de la poesía, como puede serlo el lenguaje de las matemáticas, como todo lo que implique una búsqueda con algo de absoluto y por ese mismo motivo es una poesía religiosa, busca lo absoluto como una forma de sentirse consistente, de ser algo.

El tiempo no me permite leer cosas que había marcado, no tanto con cuidado de entomólogo sino con pasión compartida, versos que hubiera querido que fueran míos, si yo hubiera sido capaz de vivirlos y de escribirlos.
Yo sé querido Di Pasquale, que das un importante testimonio, muy fuerte de la calidad del poeta y de la función de la poesía con este libro tan desnudo, donde las palabras son lo que son y como tenemos la suerte de tenerte aquí con nosotros, sabemos que este rayo no cesa ni se agota.


Buenos Aires, 26 de mayo de 2004

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