JUAN JOSÉ FOLGUERÁ

LAS ALUSIONES (4ta. edición)

Hace unos años, al presentarse al público la anterior edición de Las alusiones, tuve oportunidad de decir en voz alta dos o tres cosas a propósito de este libro. Podría repetir ahora lo que aquella vez dije, porque a mi entender nada esencial ha variado de entonces acá: Las alusiones ve de nuevo la luz en un volumen que triplica la cantidad de poemas de 1996, pero la voz poética aquí contenida es la misma de entonces y la misma de hace cincuenta o sesenta años: Roberto Di Pasquale encara hoy su oficio de poeta con la misma actitud y los mismos recursos de siempre.

Este hombre despacioso de movimientos y de palabra es capaz de capturar vivo un poema allí donde casi nadie habría logrado ni siquiera verlo, y lo hace con la veloz precisión de un martín-pescador en el río. Y luego el poeta, como si contemplara en un antiguo cosmorama todo lo que ya lleva escrito, busca qué lugar preciso le corresponde a la nueva presa.

La linealidad de la escritura lo obliga a un continuo después, pero él aspira a una simultaneidad que solamente puede ser sugerida. ¿Sugerida?, ¿No será mejor decir aludida, poesía que Di Pasquale declara, ya en el título mismo de su libro, que sus poemas son alusiones?

Reparemos en que el carácter alusivo conferido al conjunto de la poesía de Di Pasquale es, precisamente, lo único explícito. El poeta está diciéndonos que no debemos aceptar de buenas a primeras lo dicho por él, porque él mismo está buscando, en su palabra y con ella, otras cosas que se resisten a ser nombradas directamente. El trabajo del poeta consiste en nombrar, sí, pero ¿qué pasa cuando la palabra no alcanza, cuando la palabra es sombra en la pared de la caverna platónica? Comprendido esto, caben dos posibilidades: la del místico, que opta por el silencio, o la del poeta, que se aferra al verbo aún a sabiendas de que la palabra, lo más perfecto que poseemos, es un espejo infiel. No nombra: alude.

De aquel carácter arrancan, supongo yo, las dos características más visibles de este corpus poético: la radical unidad de un mensaje que no se dispersa en temas, y la técnica de mosaico que ha presidido y preside la composición de Las alusiones. Por lo que respecta a lo primero, es de observar que la mayoría de los poetas avanza en su trabajo por ciclos temáticos sucesivos más o menos homogéneos, y cada etapa en
a marcha se expresa en por lo menos un libro, a veces, en más de uno.
No así Di Pasquale, que procede por continua acreción en torno a un eje invariable (en nuestra lengua, el Cántico de Jorge Guillén es sin duda el más alto y conocido ejemplo de tan feroz disciplina, observada durante décadas. Y conste que he dicho ejemplo: digo que Di Pasquale procede como Guillén, no que lo imite o lo siga). En cuanto a lo segundo, creo haber señalado antes que nadie el otro rasgo distintivo de la poesía de Di Pasquale: sus poemas valen cada uno por sí, evidentemente. pero todos y cada uno de ellos vienen a ser como las teselas de un mosaico cuyas figuras y colores llegan a apreciarse sólo contemplado el conjunto.

Lo que ahora tenemos delante es mucho más amplio que lo que el poeta nos había ofrecido hace casi ocho años, y por lo tanto mucho más difícil de abarcar; pero, lo repito, no es esencialmente diferente. Doy la bienvenida a la cuarta edición de Las alusiones, porque este volumen, ya con trazas de definitivo, permitirá juzgar con mayor conocimiento de causa a un creador muy singular, habitante de la arquitectura serena del vacío, / donde / cada vibración es una ausencia.


Buenos Aires, 26 de mayo de 2004

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