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LAS ALUSIONES
Ahora
Esta tarde de hoy
me sostiene
y atrae.
Me acerca
a quienes
se expresan
y dirán
aquello
que en la noche
encontraron ayer
para vivir
mañana.
LAS ALUSIONES
El día
es siempre
el que se va. Pero
debe volver
o regresar. El sostiene
la imagen
que no ha
regresado. Y luego decide
pero es aparente
pues aquello
que dijo
la imagen
lo sostiene. 3 marzo 2004
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LAS ALUSIONES
No recuerdo
aquello que pasó.
No se
si lo he visto
y he mencionado
lo que nunca existió.
Pero estaba
en mi alma
y tal vez lo perdí.
LAS ALUSIONES
No sé
si soy yo
aunque
me mire.
Algo
me espera
tal vez
para decirme
“no dejes de ser”
aunque te vayas.
LAS ALUSIONES
Aguárdate sereno
acaso si lo quieres
no sea que encontrarte
tan solo es que te niegues.
Siquiera lo miraras
el mundo que adivinas,
pero él se incendia
en sombras
mientras tú lo respiras.
15/3/04
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LAS ALUSIONES
Tal vez
son las sombras
que parecen soles.
Ellas
quieren vivir
sin espanto
ni olvido
pero solo esperan.
20/3/04
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LAS ALUSIONES
Nunca
lo había pensado.
Pero
pensar es ajeno.
Es ajeno
a mi mismo.
Y el poema
espera su llegada
que luego
lo ajeno
se hace lo eterno.
8/III/04
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LAS ALUSIONES
Hoy
es otra vez
y no recuerdo
aquello que fue.
Pero sigo creyendo
sin saberlo.
Es muy breve
lo infinito
que tropieza
con ausencias
soñadas.
4/IV/04
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LAS ALUSIONES
El recuerdo
es aquello
que responde
al silencio.
4/IV/04
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LAS ALUSIONES
Estaba abatido
sin saber por qué.
Sus movimientos
intentaban narrar
aquello que era suyo.
Y olvidarlo alguna vez
aunque no exista
el llegar de aquella vez
8 abril 2004
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LAS ALUSIONES
Ahora ya no estoy
son diálogos
ajenos que me inundan.
¿Dónde estarán las huellas
que he perdido
y nunca conocí?
Digamos de una vez
que ya no estoy.
El silencio
me dice lo que soy.
8 abril 2004
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LAS ALUSIONES
No sé
si mi alma
quisiera
soñarme.
No importa
que ella sueñe
alguna vez.
Pues el alma
que me llega
solo es ella
que puede soñar.
abril 2004
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LAS ALUSIONES
Las nubes
navegaban
sin remos
al pasar.
Ellas mismas
sostenían
los cambios inspirados
que el remo alejó.
abril 2004
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LAS ALUSIONES
Y no era por los años
que tuviese vividos.
Ahora me doy cuenta
que tampoco comprendo.
Pero
son todos los años
que no podré hacer míos.
Y lloro ante mis ojos
que no pueden mirar
lo que llevo
aquí adentro.
Como no sé
que decirles
a los años
que sigan
lo que ya no seré
cuando me encuentre
conmigo.
abril 2004
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LAS ALUSIONES
Tal vez
yo escuchaba
sin hablar
y nada continuaba.
El yo
no puede
estar ausente
y olvidar
a quien espera.
Dijimos
todos juntos
que nadie
se adelante.
Pero él
será quien
lo sugiera
sin mostrarlo.
abril 2004
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LAS ALUSIONES
Ahora
es la noche.
Lo dice
su reloj
que lo propone.
Pero las nubes
se acumulan.
Y olvidan
la propuesta.
El mismo reloj
insistió pero
dudaba.
LAS ALUSIONES
Todo está dicho
sin que nadie
haya hablado.
El silencio
propuso
los rostros.
Eran aquellos
que en la voz no existían
gritaba,
pensando en silencio.
21/6/04
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1
No
sé por dónde caminé.
Ni si estuve
conmigo.
Tal vez fueron palabras
que no dije
las que guarda mi memoria.
Sin embargo
la arena no ha marcado
las horas del andar.
Alguna
vez
encontraré las huellas
que dirán si fui yo
quien creo que ha partido.
Imágenes
no quedan
adentro de mis ojos.
Acaso si existieron.
O cayeron en el foso
de una nostalgia
que detesta los recuerdos.
Arquitectura
serena
del vacío
donde
cada vibración
es una ausencia.
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2
¿Me miras a los ojos, Destino?, ¿Me
preguntas?
¿Quieres saber la suerte de los días futuros
y adivinar la muerte de la noche en mis ojos?
Tal vez, ya que los miras,
descubras más adentro el mundo que olvidaron.
Mundo que amabas tanto, según lo prometías
cuando el último sueño caía como un himno
sobre el niño aterrado, Destino, entre las
sombras.
Verás
antiguos nombres que perdió la memoria.
Los rostros olvidados de la dicha o el llanto,
lo que ahora es silencio. Lo que tiembla en mi
mano.
El mundo que he perdido y transita en el
tiempo.
Tal vez, porque lo amabas, quisieras recobrarlo.
Pero es cielo dormido sobre las aguas quietas.
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3
¿Si de pronto -nacida de un relámpago
o de una flor- comenzara la revelación
de la infancia?
El pudor de algún gesto encubriendo el deseo.
La última respiración en la noche,
y la taciturna ansiedad de la carne.
Aquel lenguaje de lemas y sentencias
definiendo la
patria, la castidad, lo eterno.
Los sabores fugaces, lo que ya no recuerdo,
las manos, la mirada, las sombras de mi cuarto.
Tal
vez ya no comprenda la verdad de mi nombre.
Tal vez como una lágrima
avanza por los jugos de la tierra
destruyéndose en la mano de mi abuela
o en la mirada vacía de su esposo.
Tal vez resida lejos, muy dentro de mí.
Si
de pronto aquel niño consintiera en volver.
Aunque yo lo destruya mirándolo tristemente
y su retorno sea un nuevo dolor
para sus dulces ojos y sus manos,
aunque llegara aterrado
de sentirse más solo, más niño ante la muerte
que con tanto amor le ofrezco.
Si de pronto volviera y nombrándome
revelara la noche.
No
ambiciono el misterio.
Pero hace mucho tiempo
que quisiera entenderme.
Aparte los extraños: médico y sacerdote.
A solas con el mundo
esfera que no tiene un eje imaginario.
El eje son mis vértebras
y alrededor estrellas
el páncreas y los trenes,
el sol de las veredas, la palma de esta mano.
Al nacer
he lanzado una piedra
al cristal de mi pecho.
Y rota la vidriera,
se confunde el paisaje poblado por mi sangre.
De noche lo respiro como un latido inmenso,
y ruidos interiores propagan la distancia
de este sonar de estrellas que alumbra mis
entrañas.
Aquí
en estas pupilas que nunca despertaron
tengo grabado un mapa de ríos y fragancias.
La fronda de los gestos que incendiaron las horas
como una cinta pasa de colores perdidos
removiendo el misterio
crecido de fragmentos de olvidos que regresan.
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4
Es el poblado mundo de la dicha
el que diariamente destruyo
en el lento crepúsculo de mi deseo.
Desaparece con un largo gemido luminoso
que sonoramente parpadea a lo lejos
en el perdido horizonte cuya línea es mi frente.
Me
abandonan. Retornan a su soledad.
Les entrego fragmentos, sonoras palpitaciones
que se quedan vibrando dentro del silencio.
Mis manos se quiebran, ya secas,
en la fría distancia de mi pecho dormido.
Y mi pulso repite en la noche
el espectro de su latido
ya imagen del silencio.
Poblado
mundo de la dicha
que diariamente destruyo con mi deseo,
semejante al sueño de un dios
condenado a perpetua vigilia.
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5
Diariamente las cosas me inauguran.
Un perverso temor resiste el nacimiento
prolongando otro mundo surgido de mi pecho.
Me
las designan nombres que mi lengua
traduce por imágenes llamadas el pasado.
Mientras los días construyen su memoria
de espejos enfrentados que repiten mi rostro.
Eternamente
a través de figuras
que el tiempo elabora
con las criaturas antiguas
del mundo transitorio que los dioses soñaron.
Criatura,
también, al sueño me incorporan
en medio de las aves, los vientos y los hombres.
Diariamente al juego me someten
y me asignan los gestos que inventa su deseo.
Alientan a mi gozo y fecundan mi herida
me exhiben me delatan
me imponen a mí mismo.
Hasta que un día, ociosos, olviden de soñarme.
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6
Las ventanas, las paredes, los edificios
el cielo deshabitados.
Enfrente. Delante de los ojos que quieren mirar.
Enfrente. La soledad, espacio entre cristales.
Y
el tiempo oscureciendo las edades del día
con su color indescifrable, hermético,
de extrema esfera deshabitada. Enfrente:
la unidad de la noche. Toda la soledad.
Como
una ciudad intacta
pero gastada. De paredes viejas
ya inauguradas con ruina.
Como una ciudad aproximada
por distancias intransitables
para el que mira desde afuera
y piensa que la prueba. Y vive,
habitante de la vecina soledad,
consumiendo sus ojos
y la carne que iluminan.
Aunque transite alucinado su propio alrededor.
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7
He llegado hasta ti, Rio Hudson,
a conversar un rato con tus aguas.
Despojados los dos, naturalmente,
de aquello que el mundo nos dio
como una gracia.
Es
así que te traigo
este olvidado corazón de niño
y llego a ti como aquel río
al que sólo navegaban las aves pescadoras.
El
humo que acaso
nos presta la mañana
es niebla de aquel río
en ese corazón con que te miro
A
salvo estoy de cuando nos separa.
Y ahora nada más es el misterio
que sólo a ti te debo como mío.
Aunque nunca comprenda, Rio Hudson,
qué fue lo que dijeron
tus aguas en silencio.
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8
I
Frente a una señal
inquietante de la existencia.
Llaman
-
Se han acordado de ti.
No mudes tus ropas para el viaje -
Mejor desnúdate -
Ninguna documentación - Ellos
se ocuparán de todo.
No poseo más información
ni es necesaria.
¿Qué
podría aconsejarte ahora?
No
sé - Es verdad, no sé.
Estrecha acaso algunas manos
que tu quieres - Sobre todo
esas dos manos que seguirán contigo
apartando, desde aquí, las ramas
y las nubes
que cieguen tu sendero
alentando a las tuyas
salvadas, por ellas, del olvido.
II
Si
de pronto,
en algún momento
antes de partir,
te asedia el llanto
como canto de tu angustia,
no dejes de cantar
con lágrimas ritmadas
aquello que ignorabas de ti mismo
y nunca pudiste compartirlo.
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9
No busques más
pues nada se ha perdido. Todo está por
nacer
y el tiempo es un olvido.
Aguárdate
sereno,
acaso si lo quieres. No sea que encontrarte
tan sólo es que te niegues.
Siquiera
lo miraras
el mundo que adivinas.
Pero él se incendia en sombras
mientras tú lo respiras.
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10
¿Qué estás haciendo aún
con tus pies en la tierra?
Acaso si lo piensas.
¿Puedes
agregar polvo o arena
al peso de tu alma?
Tal
vez Ella se asombre
del lastre que acarreas
con todas las nostalgias
de las horas perdidas
de nunca o de mañana,
con la misma distancia
debajo de tus plantas.
Mientras
allá en las cumbres
finales del encierro
hay voces estridentes
que narran minuciosas
lo que nunca ha ocurrido
y anuncian con euforia
el futuro enterrado
en el vasto desierto
de aquello que está muerto
sin saber que ha nacido.
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11
A veces me confunde
SU VOZ cuando me dice
-o creo que me habla-
"Te acuerdas, Roberto,
cuando transitábamos
por aquellos espacios
que no conocíamos
aunque Yo mismo
los había inventado.
Yo sé que para ti
eso pasó hace tiempo
y te cuesta aceptarlo".
Pero
luego me calma
SU VOZ cuando no habla
y no dice palabras.
Sino que me señala
el mapa recorrido
con todos sus espacios
en los que habita siempre
sin nunca haber nacido.
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12
Ahora has llegado a las últimas líneas.
El combate se libra
sobre el barro o la nieve.
Tal vez a pie desnudo.
No es cuestión de cruzarlas
las últimas líneas.
Hay que chapotearlas. Combatir.
Es
verdad, los dos están fatigados.
Tu cansancio es el mismo
que aletarga al Destino.
Quisieras tenderte
de espaldas sobre el pasto
y que el cielo cerúleo
pronostique Mañana
a tus ojos maduros.
Pero
debes caminar. No digo avanzar.
Casi sin armas
entras al combate contra nadie.
Ese nadie que te agobia
con su borrosa ausencia.
Yo sé que si pudieras tenderte
-como digo-
podrías rescatar instantes
fragmentos del olvido.
Como la tarde en que encontraste
-después de muchos años-
ya anciano al poeta
Ricardo Molinari.
Fue
en una esquina de Buenos Aires
que ahora se rasga en tu memoria.
Pero regresan sus palabras
entre aquella sonrisa penetrante
de indio ciudadano:
"Qué lindo es escribir"
Sí. Por supuesto. Estaba marchando
sobre el barro y la nieve
de sus últimas líneas.
Combatía.
Y era feliz al sentenciar
en su entrega total al combate.
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13
Tus sueños son los sueños
que otras sienes soñaron.
Sus extrañas visiones
alucinan tus noches y tus días
que añoran vigilias redentoras.
Emergen
fragmentos de tu olvido
y presagian lo que ya no verás
con tus ojos.
Mientras la cinta de tus sueños perdidos
dispersa, errática navega
por los cauces de angustias ajenas.
No
intentes descifrar.
El código no tiene tu lenguaje
ni el de nadie.
Continúa soñando
mientras tanto
con los sueños prestados.
No pienses que son tuyos
ni que siguen tus pasos.
Son
inmensos oleajes
de minerales extraños disueltos
en colores que apagaron sus luces.
Como sordos rumores
o estallidos callados.
Precipicios
mareados
de sus propias alturas
y profundas edades.
En el vértigo pétreo de tu pecho inundado.
Ahora
descansa.
Lo sabemos. Es muy duro descansar.
Si no puedes lograrlo
no te importe.
No será tan abrupto el vahído total.
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14
¿Dónde
andábamos?
Si, es verdad. Nada
te apartó del camino.
Simulo el olvido
como quien finge hipótesis.
Habías
llegado a las últimas líneas.
De
todos modos confío
en que puedas asumir
esta verdad tuya
por la que nada has hecho
aunque te pertenezca.
Las manos que empujan tus espaldas
no dejan tus huellas digitales.
Tal
vez no esté lejano
el momento anunciado
del niño que un día
en un instante
se separó de ti de pronto
y para siempre. Que hace mucho tiempo
camina empedernido, regresando hacia ti,
peregrino del único
lugar del encuentro, cuando yazgas
sin vida con una aureola
de ceniza neblinosa iluminado
el alrededor de tu cuerpo rendido.
Tal vez con una aureola tramada
con sueños de recién nacidos.
Y
ahora aquí estás.
Enfrentando las últimas líneas.
¿Piensas acaso que aquel niño
que viene regresando hacia ti
trae consigo la respuesta
para aquellos sueños?
¿Serás tú quien los revele?
Volverán juntos
de donde han venido
balbuceantes aturdidos
transparentando ceros
las marcas de sus huellas.
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15
Si
de pronto
te invitara a despertar
dentro de la vigilia.
Y
como en un juego
considerar que estás contento,
ajeno a todos los abismos
que te propongo
insidiosamente.
Como una realidad
más verdadera
que la realidad
que diariamente se desploma
sobre tus espaldas
como escombros
cayendo de los espacios cósmicos.
Ladrillos
estelares
de edades que nunca existieron
pero que pasan y regresan
y nos apresan
en sus tramas
de magias y de dogmas
que cruzan sus espadas
al ritmo de ventrículos
y aurículas de tu pecho encendido.
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16
Tienes
los ojos
clavados en la noche
horadando claridades
olvidadas por el sol
en su vagabunda rutina.
Lo
que miras ahora
-infinito abarcado-
lo inventaron tus ojos
durante la vigilia
de tus sienes dormidas.
Infinito
buscando en tu mirada
el sosiego final
que le ofrecen tus ojos.
Infinitamente loco
de su propia infinitud.
Mientras
tú te desplomas
en su terco vacío
tapizado por cosas que no son
y arrastras tu andar
por las últimas líneas
colmadas de NUNCAS inmortales.
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17
Y
luego se fueron.
Estábamos hablando...
Uno de ellos
parece que era Dios.
Con ese brillo en sus ojos
capaces de ver
aunque no miren.
No
es por displicencia
sino porque es así.
Se
fueron con Él.
¿Adónde?
Los que los acompañaban
tampoco lo sabían.
¿Y Él?
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18
Los
vientos
hermanos incestuosos
de todas las banderas.
Embriagados
por el aroma
que exhalan sus colores.
Los
vientos.
Soñadores
de sueños
mareados
por los abismos fugaces
que nacen y se escurren
entre las sombras
de soles que han pasado.
Los
vientos.
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19
Mientras
tanto
los otros desamparan las compuertas
de la esperanza
que remata el insomnio.
Compuertas
divisorias hacia promesas
y amenazas
apenas preanunciadas
por el crujir de sus goznes
oxidados por el olvido.
Apuran
el encuentro
y franquean los límites
augurales
hasta volver a soñar
y dispersarse.
Barcas
que naufragan
en las costas profundas
del llanto.
Que chocan ellas mismas
contra rocas veloces
al rodar
ajenas a los ruidos finales
del abismo.
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20
La
repetida nostalgia
envejece las edades
del presagio
largamente anunciado.
No prometido.
Una
distancia
que perdura en la espera
como un recuerdo
ya fatigado
por metas agotadas.
Siempre
lo opuesto
verdadera verdad.
Mirándolo todo
con ese mirar
de puños apretados
apiñando una palma
de surcos indelebles
(y tal vez ajenos)
que unas hadas
desoladas
mintieron.
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