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HÉCTOR TIZÓN:
Comentario sobre la poesía de Roberto Di Pasquale de Octubre del 2003

ARQUITECTURA SERENA DEL VACÍO

Yo no acomodo, las veces que puedo o tengo ganas de hacerlo, los libros de mi biblioteca, por autor, por materia, por género, sino por íntima afinidad, así entre uno y otros estén separados por cientos de años. De este modo he puesto la obra de Roberto Di Pasquale, junto a la de Yorgos Seferis y a Chejov, los otros dos, para mi, maestros de las alusiones, cultores de la honda sabiduría de los sentimientos y de las cosas sencillas que eluden lo enfático, los colores intensos o acentuados, los gestos broncos o espasmódicos, para ganar en delicadeza y confidencialidad, como quien habla con el prójimo amado y le confía un secreto, el esencial secreto de vivir.

Con Roberto Di Pasquale me unen tantas lejanías, tantos años brumosos, difuminados, y tanto afecto y respeto mutuo, que nunca tuvimos tiempo para hablar sino con pocas palabras, con brevedad, lo suficiente para darnos cuenta que ambos todavía vivíamos y que los años que transcurren, van adecuando también nuestra economía de palabras, haciendo caer las pomposas e impertinentes como hojas secas en el invierno, que siempre nos está anunciando, con cierta delicadeza y hasta con dulzura, que se aproxima, que pronto ha de ser vecino.

Roberto ha podido cumplir en su modo de ser y estar con los otros, el ideal de la humildad, no ser notable -sin ocultarse a propósito, que no es sino otra manera de serlo-, y el de estar escribiendo durante toda su vida un solo libro, intenso, interminable y breve, y con un solo título tan furtivo y sabio como los poemas que cobija: Arquitectura serena/ del vacío/ donde cada/ vibración/ es una ausencia, semejante al título de la edición francesa de Dumerchez.

Cada vez que nos encontramos con Roberto, y cada vez que nos despedimos, decimos las mismas viejas breves palabras, y sólo en nuestra mirada está la intensidad de la verdadera vida.

Como si los dos fuéramos, pero a lo lejos.

Héctor Tizón

Yala, Octubre 2003



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