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LA
NACIÓN: Entrevista realizada a Roberto Di Pasquale por María
Ester Vázquez
Instantáneas
- Diario La Nación
Domingo 14 de Octubre del 2001

Ilustración
de Antonio Seguí para el libro de Roberto Di Pasquale
La serena arquitectura del vacío
En
las antiguas lenguas nórdicas de las primeros siglos de la
Edad media, puede leerse una crónica que informa acerca del
orgullo de una madre que, viendo a su hijo de ocho años abrirle
la cabeza de una hachazo a otro algo mayor, había dicho:
"Es valiente, llegará ser un gran guerrero".
Desde entonces el mundo ha progresado, la ciencia y la técnica
dan posibilidades infinitas, tanto que la expectativa de vida de
apenas treinta años en el sigo XI, se ha ido más allá
del doble en el XXI, pero los instintos feroces del cavernícola
subsisten.
"Y ahora que lo humano/ nos abandona..." ha escrito un
gran poeta con una visión dolororida de la realidad actual,
es cuando se escriben más libros de poesía que nunca.
Libros buenos y libros mediocres. Pero se trata de libros para ser
leídos por muy pocos; libros que los editores no quieren
publicar porque no reditúan el costo; libros que los libreros
no exhiben porque ocupan el lugar del best seller de la semana (reemplazado
casi en seguida por el que está saleindo de la fábrica
de impresos).
Todo lo referido a la conducta de los hombres ya lo dijo Shakespeare
con dos palabras que pone en la boca de su personaje bufo, Falstaff,
cuando éste reflexiona: "Mondo reo".
No obstante no está todo perdido; es más, de entre
la cantidad de hojarasca prescindible que la actualidad ha dado
en llamar poesía, se rescatan algunas ediciones, ciertos
nombres, se escriben ensayos sobre poetas, se dan premios importantes
y más o menos secretos, se traducen. Y éste el el
caso del poeta Roberto Di Pasquale, que del brazo de Cahia, su mujer,
ha recorrido el mundo durante cuarenta años.
Funcionario de la UNESCO, trabajó para desarrollar
las técnicas modernas de enseñanza a través
de la utilización del cine y de la televisión. Y cuenta
que empezó su labor en Guatemala, pasó a África,
estuvo en México, en París y ahora ha vuelto definitivamente
a su país, la Argentina, porque dice: "No podemos esperar
que esto sea un paraíso, pero tenemos la libertad de ser
nosotros mismos. Y eso es mucho". Publicado en su juventud
por Eduardo Mallea, en el Suplemento literario de La Nación
y amigo entrañable de Basilio Uribe, ha reunido sus libros
de poesía bajo un título común: Las Alusiones,
con la particularidad de que en cada nuevo volumen incluye los
anteriores. Dirigió desde el primer número la Revista
Buenos Aires, literario y fue miembro de la Fundación Argentina
para la Poesía. En julio de este año, entre el 11
y el 24, participó en la plaza Saint-Sulpice, de París,
en la XIX Feria de Poesía como invitado de honor (un lugar
espacioso y cerrado frente a la iglesia con sus escaleras imponentes
y adentro los oscuros Delacroix). Allí presentó la
edición de Architecture sereine du vide (Arquitectura
serena del vacío), una antología de su obra, editada
por Dumarchez con el apoyo del Centro Nacional del Libro y presentada
por su traductor, el poeta Philippe Delaveau, laureado en el 2000
con el Gran Premio de la Academia Francesa. El libro, ilustrado
por Seguí, tiene una edición común y otra de
lujo, numerada, de cuarenta y cinco ejemplares que llevan, cada
uno, un aguafuerte original de Seguí. Para Di Pasquale fue
como una especie de consagración porque después de
presentar el libro de la Feria de Saint-Sulpice, hizo una lectura
de sus versos en la Maison de la Poésie en el teatro Molière.
Cuando le pregunto qué poeta le gusta más, sonríe
y con picardía me contesta: "Di Pasquale". Y yo
recuerdo un poema suyo: "El último dolor / es el que
menos duele. / El pañúelo del adiós / que agita
/ entre sus lágrimas / es un sueño / que regresa del
olvido. / Ha llegado de lejos / confundiendo / la vida con lo eterno."
Cuando le pregunto qué espera todavía de la vida,
sin vacilar, dice: "seguir escribiendo y estar al lado de Chaia,
mi mujer".
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